Parte 1: Aprendiendo a ser libres

Krishnamurti es un reconocido orador y escritor en materias filosóficas y espirituales, en una de sus charlas habla sobre el apego y el miedo, y señala que ambos nacen de la limitación del cerebro en su comprensión de la realidad. Sugiere que al aceptar que el cerebro es limitado en su nivel de comprensión del medio (la realidad)  logramos acercarnos más a vivir sin apego y eso nos conduce a la libertad. Un sello característico de él es que siempre invita al cuestionamiento, incluso sobre lo que él mismo  está diciendo. 

Habitualmente creemos en el destino como un elemento determinante, como si fuera una serie de situaciones escritas con anticipación e imposibles de cambiar y a su vez creemos en el libre albedrío como la capacidad humana de decidir libremente y crear su propio camino o destino. Bajo estas dos premisas opuestas se desarrollan miradas filosóficas, metafísicas, religiosas y cotidianas. Estamos condicionados por cual de los dos polos decidimos habitar ¿destino o libre albedrío? esta lucha entre azul y rojo; opuestos en su concepción, nos contagia y polariza también nuestra mirada, de esa forma perdemos la perspectiva y somos incapaces de ver que estamos inmersos en una dicotomía. El problema no es cual elegimos creer, el problema es la forma de mirar.

El destino no nos determina, nos determinan las ideas que tenemos en relación al mundo, a la vida, al amor, al trabajo, a la familia, al éxito. Nos determina lo que hacemos en automático, sin detenernos a pensar si es lo que realmente queremos para nuestra vida. La vida no es eterna, es efímera, única y vivida por alguien. En la vida real no existe acción sin sujeto, podemos reflexionar sobre la libertad y el amor pero las experiencias de libertad y amor las vive alguien y es importante conocer quién es ese alguien. No importa si está escrito en mi destino que en cinco años más seré pobre o un gran empresario, porque la persona que seré en cinco años más no es la misma que soy hoy. Buscamos conocer el destino por miedo y por necesidad de control, creemos que conocer con anticipación los sucesos nos permite prepararnos, pero no es así. No podemos prepararnos para nada sin hacer el trabajo previo de reconocer en qué creemos y qué nos condiciona. Las ideas y creencias en relación al trabajo y al dinero, marcan la forma en cómo lo obtenemos mucho más que el camino en sí.

El cerebro es limitado para comprender la vida, pero no para comprendernos a nosotros mismos.

El mayor desafío no es liberarnos del miedo y del apego material, el mayor desafío es liberarnos de la idea de bienestar asociada a la falsa seguridad de lo “para siempre”. Una mosca vive 28 días, un elefante 60 años, un árbol de pino 600 años, un fotón 10 18 años, 100 millones de veces más que la edad del universo. Un hombre actual vive 79 años. Para aprender a vivir en la incertidumbre debemos aprender a disfrutar de lo simple, de la belleza de lo efímero y comprender que detrás de la frase “para siempre” a veces se esconden miedos y necesidades que es mejor expresarlas explícitamente para recibir lo que necesitamos. Toda aventura está ligada al héroe, toda aventura depende de quien la esté viviendo.

Soy el amo de mi destino, soy el capitan de mi alma. William Henley