El poder de elegir

Desde antes de dedicarme a la astrología, en realidad, desde niña me ha llamado la atención la idea de destino y el miedo. Siempre pongo mucha atención cuando alguien habla de destino o busca su destino o cree haber encontrado su destino o considera que lo sucedido es destino. El destino y los miedos incontables con los que el ser humano vive me generan profunda curiosidad. El miedo es como la semilla de un árbol de muchos frutos, no sólo da manzanas o peras, cambia con el tiempo y una misma rama puede dar higos y brevas en simultaneo. Al árbol del miedo sí se le puede pedir peras aunque parezca un Olmo.

Hablar de estos dos temas es para llenar toda la biblioteca de Alejandría, es increíble todas las cosas que el ser humano hace y deja de hacer por miedo. También es asombroso lo socialmente aceptado y bien visto que está ser una persona temerosa. De cierta forma ser temeroso es ser «normal», significa que eres realista, consciente de las situaciones y hasta empático. Socialmente confundimos el miedo con el respeto, con la paciencia y con el amor. Porque creemos que valiente es quien atropella a otros, no duda en someter ni en sacar partido de una situación creemos que ser víctimas es ser normal y ser victimario es ser exitoso. Y ahí es dónde yace la paradoja, porque buscamos ser normales pero no víctimas y ser exitosos pero no victimarios.

No creo que el destino sea o exista como linea de tiempo con sucesos determinados, creo que es más un recurso metafórico, cómo lo es una hipótesis en un experimento, como lo es el hilo de Ariadna al entrar en el laberinto del minotauro. Pensar en el destino como una línea de sucesos escritos, más que una realidad, es una idea que nos conduce a explorar el misterio de la vida. Más que ser real o no esta premisa, lo curioso es que uno desee saberlo. Eso es más intrigante que el destino en sí ¿Por qué necesitamos conocer los sucesos venideros?¿Para estar preparados y que lo malo sea menos malo?¿Para esperar sin desesperar porque se que algún día llegará?. No digo que sea tonto prepararnos para lo malo ni tener esperanzas de lo bueno; lo tonto es que no aceptemos que en realidad más que conocer el destino lo que necesitamos es un abrazo, una palabra de aliento, un hip hip hurra!. Buscamos conocer nuestro destino cuando nos sentimos pequeños frente a una situación y buscamos amparo frente a la inmensidad de la vida, cuando nos falta confianza. Porque no importa cuales sean las ideas que uno tenga sobre la vida y su funcionamiento, hay un hecho fáctico que es lo inconmensurable de casi todo lo que nos rodea incluyendo nuestro propio funcionamiento. Por eso existen las ciencias, porque la vida es inmensa a su largo y a su ancho, existen misterios sin resolver desde la microbiología hasta la astrofísica.

Sin embargo alimentamos la idea que la «seguridad» es el bien más preciado al que podemos aspirar.

Es cierto, los planetas de nuestro sistema solar siguen un movimiento perpetuo alrededor del sol, es el modelo de física clásica, pero están insertos en un universo que al parecer se expande.

Tal vez gran parte de nuestros miedos se alimentan de esta idea anti natura que hemos creado acerca de lo valioso de la seguridad, cuando en realidad no somos capaces de disfrutar y confiar en un mundo que no sabemos cómo funciona. El mundo es incierto y está bien, tal vez existe un destino y también está bien, porque quien vivirá esos eventos no soy yo, seré yo en ese momento, con otra cabeza, otro corazón, otros deseos anhelos.

En parte quien despertó hoy no es el mismo que el de ayer.

Abrazar lo inmenso de la vida es necesario para vivir mejor, para renovar las ideas. La gran diferencia entre un pantano y un lago es que el lago tiene agua que lo renueva. Abraza la inmensidad de la vida como el lago abraza al agua fresca que lo alcanza.

…aunque veamos el celular o pasemos el tiempo esperando a que llegue.

PD: Un detalle sobre el miedo, aunque es obvio, quizás no está de más decir que se alimenta de la falta de confianza. Solemos creemos que para confiar debemos entender. Entender cómo funciona la vida, como funciona el universo, como funciona el otro. Hemos aprendido a mezclar peras con manzanas y confiamos en todo lo que entendemos, porque creemos que de esta forma nos libramos de ser manipulados. Tal vez más que entender sea un poco más útil preguntarnos: ¿en qué basamos nuestra confianza?.

No creo que ningún Jedi entienda como funciona la fuerza. No es necesario entender para confiar y entender no nos libra de ser manipulados.