El peso de las expectativas

Sin duda que la energía astrológica de estos últimos años y en espacial los cambios que ha generado en nuestra rutina el aislamiento social nos ha demostrado que somos seres sociales. Necesitamos de otros y buscamos a otros para ser felices, construir empresas, relaciones, buscamos a otros para construir nuestro hogar. El asunto es que la palabra hogar en sí, no habla de la calidad, ni de la profundidad, ni de la fortaleza de la guarida que deseamos habitar para sentirnos cobijados, protegidos y cuidados cuando estamos ahí. En una definición semántica simple, Hogar es el lugar físico, emocional, mental y espiritual en el cual nos sentimos seguros, podemos descansar, sanar, recuperar fuerzas. Es el lugar en donde procesamos lo que vivimos en el mundo exterior y somos capaces de encontrar las ganas, el deseo de salir nuevamente.

Llamamos hogar a la casa donde vivimos, o al lugar donde crecimos, llamamos familia a las personas que tienen un vínculo de sangre, la que nos dió origen y la cual hemos formado. Desde la astrología hogar es mucho más que la casa, la familia y las raíces. Hogar es nuestra propia verdad. El mito que nos da origen y sentido de vida, hogar es el conjunto de ideas sobre la vida que estructuran la base necesaria para vivir, es lo que nos da confianza necesaria para saber que la vida funciona. Cuando no hemos construido un hogar a este nivel es cómo si nuestra casa no tuviese cimientos o fuese la casa de paja de los tres chanchitos, cualquier soplido del lobo/destino la derrumbará y nada quedará.

Cuando tenemos un hogar en términos físicos y materiales, pero no hemos profundizado en construir la confianza suficiente para vivir, buscamos que otros carguen con nuestros deseos y necesidades y sostengan el mundo que necesitamos vivir. Creamos expectativas y buscamos que otros se hagan cargo de ellas. Confundimos libertad con falta de amor y exigimos amor cuando en realidad estamos exigiendo sacrificio.

Por estos días en los que tenemos presente la energía de los eclipses podemos comprender lo que no vemos, comprender lo que no es tan evidente a simple vista. Los cuentos mitológicos decían que en tiempos de eclipses el alma se acerca tanto que podemos escuchar sus deseos. Los antiguos decían que podemos observar sin velo parte del funcionamiento de la vida. La mitología está presente siempre aunque no la llamemos de esta forma, los cuentos que contamos sobre experiencias de vidas y situaciones terminan siendo nuestra mitología propia. Cada vez que narramos a otros como fue una separación de pareja, el nacimiento de un hijo, la pérdida de un trabajo, el enamorarse de alguien, estamos hablando de nuestros mitos, de los relatos que invisiblemente constituyen nuestro mundo. Todos somos narradores de cuentos, guionistas de películas y a su vez actores, directores y productores de ella. Joseph John Campbell mitólogo norteamericano, describió cierto patrón arquetípico de desarrollo humano que llamó Monomito, George Lucas usó esta estructura para crear parte de la mitología de Star Wars. Esta estructura arquetípica de sucesos llamada monomito también es conocida como el viaje del héroe y es un poco lo que experimenta Luke y otros personajes a través de toda la saga de Star Wars.

Todos vivimos, con mayor atención o menor atención es lo que marca la diferencia entre una mayor consciencia o menor consciencia. Comprender lo que nos atemoriza, crear nuestra propia confianza en la vida, conocer lo que deseamos y lo que necesitamos y hacer planes para alcanzarlos es lo que constituye la aventura de estar vivos. Construir un hogar interno sano, con bases flexibles y claras permite tener mejores relaciones porque no usamos a otros para satisfacer carencias, no cargamos a otros con expectativas que limiten su libertad, vivir en compañía no implica sacrificio ni pérdida de voluntad. Todos vivimos nuestro propio mito, todos escribimos nuestra propia Star Wars.

mi mito de origen

Hace algunos días tuve un sueño, estaba sentada en el suelo junto a un hombre, ambos mirábamos el horizonte, sin montañas ni nada que detuviese la vista, sólo un horizonte amplio de llanura de pasto largo. El cielo era de atardecer rojizo, corría viento y movía el pasto. Llevábamos largo rato hablando no recuerdo qué, sólo recuerdo que hacía una pausa lo miraba y le decía: Vine a este planeta siendo un soldado y me voy siendo un sanador.