El deseo de la piel

Hablar de tabúes no implica sólo hablar de sexo, ni de morbos. Todos creamos un placar en el cual vamos guardando lo políticamente incorrecto según la sociedad en la que hayamos nacido o la que hayamos adoptado con el tiempo, astrológicamente hablando, ese placar es la casa ocho. Las normas siguen siendo bastante necesarias, somos una raza compleja, egoísta e instintiva por lo que es bastante lógico crear y respetar reglas sociales para vivir mejor junto a otros.

Pero en la vida todo tiene matices, y nada es bueno per se o en totalidad.

Somos seres únicos individuales cada uno hecho a su medida, y vivir en sociedad implica ajustar a cánones de comportamientos básicos y generalizados.

La sociedad nos estandariza y eso nos sirve pero también nos hace mal.

Dicen que siempre es mejor hablar de uno mismo cuando el asunto toca las fibras de muchos. En mi caso, mi placar de tabú está lleno de un lado salvaje que tengo, bastante inadaptado, libre, aventurero, despojado, avasallador. Cada cierto tiempo debo recordarme a mi misma que no está mal, no es enfermedad, simplemente son características poco usadas en estos tiempos. Si fuese vikingo, claramente ya estaría muerta, hubiese viajado por mil rutas en busca de experiencias y tendría cien veces más amores de los que hoy puedo contar. Es un impulso una energía profunda, que comprenderla me lleva consciencia y por supuesto aunque no la reconozca matiza mi vida completa, la emano por la piel y a veces aflora sin control para recordarme que está ahí.

Si viviésemos en otros tiempos podría decir que un demonio me posee, me río sola cuando pienso eso en silencio, la existencia de demonios era una muy buena excusa para muchas cosas. Pero la verdad es que son mis demonios. Soy yo.

Y como toda dualidad humana también me habita la tranquilidad, la quietud, el deseo de hogar, de familia, de pareja. Ahí es cuando recuerdo que no es la sociedad la que me ha impedido ser una vikinga moderna, he sido yo la que elige a diario seguir siendo campesina.

¿Cómo he aprendido a vivir con la bestia? hago pactos, acuerdos. Cada cierto tiempo detecto que se ha activado un periodo de negociaciones, en dónde debo sentar a ambas a la mesa y acordar los términos de una nueva tregua.

Al fin de cuentas, la vikinga y la campesina son la piel que habito.

Abre la puerta y aprende a vivir con ella