Crisis de la mediana edad, razones y propósito

Existen dos evidentes y cotidianas desventajas de ser adulto, la primera es que usualmente nadie nos levanta por las mañanas para ir a trabajar ni nos insiste en ponernos en movimiento cuando tenemos flojera.  Y la segunda es que en algún momento de la adultez uno confunde auto disciplina con sacrificio y comenzamos a funcionar por obligación más que por motivación, y creemos que eso es ser adulto. El tema es que con el tiempo cronológico vienen cambios sociales, es cierto, pero no necesariamente adultez en su sentido de madurez. 

Desde la astrología existen dos líneas de tiempos que avanzan en la vida de una persona. Marcan el ritmo basal, como música de fondo que va generando etapas en las que buscamos estabilidad, tránsitos de Saturno, y otros momentos en los que buscamos libertad, tránsitos de Urano. Y en términos astrológico eso es a lo que llamamos crisis de la mediana edad, los golpes que nos dan estos señores del tiempo. El primer despertar de Urano lo sentimos a los 21 años cuando deseamos salir a comernos el mundo y creemos ser realmente invencibles, después viene el mazazo de realidad de Saturno que a los 28-29 años nos conduce por un callejón sin salida a la búsqueda de estabilidad y muchos se casan porque relacionan el matrimonio con la estabilidad buscada. A los 33 pasa un tren, tenemos la posibilidad de tomar una gran oportunidad y volver a nacer, no es tan evidente como las crisis que siguen y muchos no la toman. Luego a los 37 los ejes lunares crean una gran crisis en relación al propósito de vida que suele afectar bastante el área laboral. Después a los 41-42 viene nuevamente Urano a desarmar todo lo anterior , a los 44-45 Saturno vuelve a crear un nuevo nivel de estabilidad a partir de los cambios anteriormente generados. Ahí la vida se mantiene relativamente tranquila hasta los 63 años en donde renace una llama y los 21 años se vuelven a hacer carne. Es probablemente la última oportunidad para encaminarnos y vivir la vida que deseamos recordar.

Transitar todos estos tránsitos astrológicos de los señores del tiempo llamados Chronocrators por los pueblos antiguos, no es fácil y menos ahora que estamos acostumbrados a vivir en automático. Vivimos temiendo a la muerte sin embargo vivimos como si nunca fuésemos a morir. Avanzamos con poca consciencia de cómo pasamos los días, nos lamentamos de los procesos y siempre estamos deseosos de llegar, a cualquier lugar no importa dónde lo importante es llegar. Ese es el gran error, por eso padecemos la furia de los señores del tiempo, aunque la frase es metafórica realmente es así. Hacemos todo lo posible para no envejecer, saltarnos etapas y vivir en una constante inmediatez cuando se trata de lo que deseamos. Para los pueblos antiguos una de las principales lecciones de la mediana edad era transformarse en héroe, despertar al dios que vive en cada uno de nosotros y encarnar el gran poder de la raza humana.

Uno de los atributos de la raza human es poder vivir en distintos tiempos, en distintos planos, el pensamiento es uno de ellos, es más rápido, simultáneo, múltiple y está en constante acción. También somos capaces de percibir planos emocionales, como cuando se nos aprieta el pecho al ver el dolor del otro, planos astrales cuando sentimos escalofríos en la espalda y por supuesto el cansancio físico después de poner el cuerpo en movimiento. Toda esa simultaneidad de planos sólo lo podemos vivir nosotros, no los ángeles no los demonios, no los extraterrestres, sólo los humanos. Por lo cual nuestra comprensión de la vida puede llegar a ser realmente única y profundamente valiosa, ¿pero si elegimos a voluntad ser ciegos? no porque cerremos los ojos, sino porque cerramos nuestra capacidad de mixtura, no hacemos la pausa necesaria para sentir la multiplicidad de experiencias que tenemos en un día.

La crisis de la mediana edad es uno de los grandes regalos que experimentamos en este viaje, es una gran oportunidad para despertar nuestra esencia y experimentar una vida que nos enorgullezca contar.

Existe un tercero , Kirón, la llave para transitar.