¿Cómo vivir en sociedad sin perder mi identidad?

Ser aceptados y pertenecer a un grupo es parte del instinto gregario con el cual nacemos. Probablemente esté muy vinculado a programas ancestrales de supervivencia y sea una dotación genética importante de nuestra identidad biológica. Somos seres profundamente complejos, hay elementos de nuestra biología y psiquismo que funcionan en automático, y está muy bien porque gracias a ellos podemos vivir. El asunto es que no todo lo que funciona en automático es esencial para nuestra sobrevivencia y con el tiempo algunas formas aprendidas, terminan transformándose en un obstáculo más que en un mecanismo de cuidado. Identificar lo que nos limita no es fácil, ni rápido, tampoco hay atajos y muchas veces requiere años de terapia, constante motivación, disciplina para cambiar hábitos y sin duda de muy buena compañía que transite a nuestro lado e ilumine la ceguera que muchas veces tenemos.

Un granito de arena en este camino nos aporta la astrología, nos cuesta articular palabras cuando sentimos que tenemos una crisis de identidad, aún más si somos adultos porque creemos que es un problema que deberíamos atravesar sólo durante la adolescencia. Pero hablar de identidad parece ser un proceso más que un estructura fija posible de definir. La verdad es que desde que nacemos hasta el día que partimos estamos en un constante movimiento de ser lo suficientemente normal o común para pertenecer a un grupo, sin perder nuestra propia individualidad en el camino. El asunto es ese, no es un desafío que se acaba a los 18 ni a los 21 años, es un esquema de funcionamiento que nos acompaña siempre. Uno de los elementos más valiosos de las astrología es que siempre ve al ser humano como un ser en devenir: nunca terminamos de conocernos y está bien, desde una mirada astrológica no existe la madurez como un concepto en el cual el individuo de establece definitivamente para nunca más cambiar.

Pertenecer es un instinto y lo experimentamos desde mucho antes de ser conscientes de nuestros actos. El primer desafío es pertenecer a la familia en la cual crecemos: padres, hermanos, primos, abuelos, tíos, todos son miembros del clan y el clan tiene normas y tradiciones. El clan tiene dinámicas y formas de hacer las cosas que aprendemos por instrucción directa o simplemente observando y copiando. Somos seres intrínsecamente meméticos, aunque no seamos conscientes de lo que vamos copiando. Después aprendemos a pertenecer a la escuela, la universidad, el trabajo y los distintos tipos de trabajo con cada uno de los grupos sociales que conllevan. Cada eslabón implica un clan, una cultura, una estructura de normas explícitas e implícitas, cada lugar habitado por un grupo de personas relacionadas entre sí termina siendo un clan. Al crecer pertenecer ya no es un mecanismo de supervivencia, es un mandato social. Aquí es dónde yace el origen de muchos males de lo que llamamos “adultez”; porque hacer cosas automáticas en un inicio, no significa que deba hacerlas por toda la vida o culpar a otros de no poder salir de esa dinámica porque es un «deber».

Avanzar siguiendo la línea trazada por el 90% de la curva de gauss que marca lo que es “normal”, en vez de hacer un pausa a diario y tomar el tiempo para evaluar si es lo que quiero y lo que necesito, es la actitud que nos termina condenando. Si no definimos nuestros propios cánones de éxito, bienestar, tranquilidad es imposible que podamos disfrutar de cosas simples como una relación de pareja, una familia y un trabajo. Para la astrología está directamente vinculado el equilibrio de quien soy con la familia que construyo, el tipo de pareja que formo y la calidad de éxitos que cosecho. Autoconocerse no es automático, requiere tiempo y dedicación mental, emocional y física. No es una moda ni una actividad para gente rica, con tiempo y sin problemas reales. Autoconocerse es desarrollar la disciplina básica de observarse a sí mismo a diario y es tan antiguo como el origen de las mayores civilizaciones humanas, es por eso que el oráculo de Delfos en el monte Apolo decía: «Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y al universo». 

Es imposible elegir bien, vivir a pleno y disfrutar de los días si no sabemos quienes somos, lo que buscamos y cómo funcionamos. Ser honesto y conocer nuestra propia verdad es la base de toda sociedad, es la base de toda felicidad.

Palacio de Versalles, reconozco tener más de Napoleón que de María Antonieta.